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Fuente: insurgente.org
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lunes, 06 de agosto de 2007 |
Por Tadeo Sevilla [InSurGente].
El discurso pronunciado el pasado 26 de Julio en la ciudad de
Camagüey por el compañero Raúl Castro,
ha dejado una estela de comentarios e interrogantes dentro y fuera de
Cuba, pero sobre todo una enorme esperanza en los que
confían que la Revolución Cubana está
en condiciones de renovarse, sin perder el principio capital que la ha
mantenido erguida por cuarenta y ocho años a solo noventa
millas del Imperio.
Una vez más, quedó clara la inclaudicable
posición ante los enemigos históricos de la
Patria, la necesidad de fortalecer las defensas de la Isla, la
disposición de todos los cubanos de prepararse para la
lucha, pero también se puso de manifiesto la voluntad del
gobierno cubano de zanjar de una vez y por todas las diferencias
históricas con los Estados Unidos, marcadas por un bloqueo
cruel y criminal contra la Isla que ya dura más de cuatro
décadas. Un llamado a la nueva administración
norteamericana que asuma en la Casa Blanca en el 2008 y que
esté en condiciones de una discusión franca,
sobre una base de principios y de respeto a la soberanía de
cada nación.
Lo que ha sorprendido a muchos en la intervención
pública del líder cubano, es el
análisis crítico, sin ambages ni vestiduras de la
política doméstica, en tanto es uno de los
problemas más acuciantes y de primerísima
envergadura que debe enfrentar el gobierno, el Partido y todas las
instituciones del país, unido al llamado a que todos
participemos en la lucha contra la indolencia, la burocracia, la doble
moral y la indisciplina social que hoy campea por sus respetos a lo
largo de la geografía nacional.
La Revolución Cubana ha tenido que sortear grandes escollos
en casi medio siglo de existencia. Las agresiones de sus enemigos de
clase, escondidos como ratas en las cloacas de un exilio que no ceja en
su agresividad sin límites y en su fracasada
intención de subvertir el orden y la vida cotidiana del
pueblo cubano. Ha soportado los intentos de descrédito en la
arena internacional a mano de los voceros del imperialismo y ha
resistido estoica las pretensiones de ahogar por hambre a su gente.
Hasta hoy, esa Revolución que nació del pueblo,
ha salido victoriosa en cada contienda. Respetada y reconocida por la
inmensa mayoría de los países del mundo y
símbolo indiscutible de la resistencia de los pobres ante
los opresores. Pero dentro de ella han florecido, como malas hierbas,
determinadas tendencias negativas que se han arraigo con fuerza en
nuestra vida nacional y que hoy solo consiguen obstruir y detener el
empuje ante nuevos desafíos.
Con mucha valentía política, el Segundo
Secretario del Partido Comunista de Cuba dejó claro que se
abrirán los frentes de batallas contra estas tendencias. El
sentido crítico de sus palabras, avizora una batida sin
cuartel y la impostergable participación de todos los
cubanos.
Estos años de Revolución nos han
enseñado que solo con sentido crítico podemos
crecernos ante las dificultades. El propio Comandante en Jefe Fidel
Castro es el mayor inspirador de la crítica revolucionaria y
constructiva, lo que jamás nos convertirá en
enemigos de un proceso político social en que todos tenemos
algo que aportar.
Los tiempos de los burócratas que pensaban por nosotros
están a punto de concluir. Las épocas siniestras
en que teníamos que guardar silencio porque
podíamos «contribuir con el enemigo»
también están llegando a su fin. Solo
reconociendo nuestros errores, señalando con el dedo honesto
hacia el corazón de los problemas y llamando a cada cual por
su nombre, nos permitirán definirnos como verdaderos
revolucionarios.
El compañero Raúl tocó a
degüello contra los doblemoralistas de guayabera que viven de
espaldas a una realidad tangible y que no está en
condiciones de ceder un milímetro más.
Raúl alertó de la nueva guerra que se
librará contra los neocapitalistas que sueñan que
esa será la salvación del socialismo.
Raúl pidió cerrar filas con el Partido, el Estado
y todo el pueblo para comenzar a sanear nuestra propia casa, sin
necesidad de copiar fórmulas foráneas.
El reciente debate surgido entre los intelectuales en torno al
tristemente célebre “Quinquenio Gris” es
una muestra de que hay voluntad de comenzar a renovarse desde la base
de nuestros propios errores. Ya se discute abiertamente sobre erradas
políticas económicas que solo han provocado
crisis y caos interno.
En el futuro queda mucho por discutir. La relación entre
salarios y precios que está ahogando al cubano de a pie. El
ineficaz uso de los recursos agrícolas que debilita
ostensiblemente la mesa del obrero. La centralización a
ultranza de una economía manufacturera que pide a gritos se
liberalice para que todos dispongamos de lo que hoy no tenemos ni el
Estado puede brindar a pesar de sus esfuerzos.
Comentando en las esquinas del barrio o en los pasillos no se resuelve
el problema. Hay que activar todos los medios de discusión y
análisis. Hay que incentivar la polémica entre
todas las partes. El Partido, la Juventud Comunista, las organizaciones
estudiantiles, los sindicatos y las organizaciones de barrio deben
servir esta vez como vehículos del debate entre todos los
cubanos.
Estos tiempos no son de arengas ni de lamentaciones. Estos tiempos son
de construir el futuro y de salvar la Revolución. Ya nuestro
Comandante en Jefe nos advirtió a mediados de noviembre del
2005, que la Revolución podía peligrar como
consecuencia de sus errores e hizo un llamamiento a enfrentar la
corrupción, el burocratismo y la indolencia que tanto
daña a nuestra sociedad. Ahora, Raúl Castro
reafirma que las palabras del compañero Fidel
están vigentes.
No cabe dudas que nuestro pueblo sigue apostando por el Socialismo,
pero se hace necesario un saneamiento de todas las estructuras
–sociales y gubernamentales- que permita re-oxigenar el
proceso revolucionario.
Este tiempo es de sacudirnos los miedos y los temores y ver con ojo
crítico, que nuestros enemigos también, los
tenemos al alcance de las manos. Vale la pena recordarles que esta
Revolución es «de los humildes, con los humildes y
para los humildes.»
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