|
RSS |
Suscripción Noticias X RSS
|
|
Frases Celebres |
|
“Las mujeres, los niños tienen esa misma mirada en los ojos, los hombres los defienden como pueden.” Paul Eluard en Guernica |
|
|
|
|
Angel de la guarda que lo protege: El aché de Fidel |
|
|
|
Fuente: insurgente.org
|
|
lunes, 03 de septiembre de 2007 |
Ilse Bulit [inSurGente].
El misterio del aché de Fidel, siempre ha incitado mis
elucubraciones. Cada vez que observaba al yate Granma, detenido en agua
de piedra frente al actual Museo de la Revolución en plena
Habana Vieja, recordaba aquel invierno de mi adolescencia.
¿Cómo pudo sostenerse esa escuálida
embarcación con su carga pesada en medio de
aquellos días de tiempo turbulento? Después del
desembarco, cercados en Alegría de Pío; los
muertos, los desperdigados . Algunos son encontrados y asesinados.
Él logra reorganizar la exigua tropa.
¿Y años antes? En el asalto al cuartel
Moncada, va al frente. Las balas lo respetan. Mas tarde, aquel militar
honrado, impide su asesinato. En Girón, otra vez
al frente, nunca en la retaguardia. Sano y salvo. De
niño, correteando por los montes. En la adolescencia,
deportes fuertes y ya joven, andanzas libertarias por aquí y
por allá.
Y Fidel, vivito y
coleando.
Hay quienes no creen en los cientos y cientos de propósitos
y acciones de la CIA contra él. Vaya, solo el intento del
terrorista Posada en Panamá, vale como muestra. Ni Fidel ni
los estudiantes se hubieran salvado.
Claro, la Inteligencia cubana es de las primeras, lo reconoce hasta el
enemigo y los amigos de Cuba están por doquier.
Así y todo, está el aché.
Con tantos cubanos distribuidos por el orbe, lector, usted
conocerá de orishas y polvos de cascarilla para la suerte y
de cómo la albahaca condimenta las pastas y el destino. El
maldito Período Especial provocó la
comercialización de una buena parte de los ritos
afrocubanos. Los seguidores de ley, aquellos que no escondieron
tambores en tiempos difíciles, protestan. El
aché no se compra ni se vende. Es un don divino o
cósmico que en cada cultura y creencia
busca su leyenda particular.
Humano octogenario al fin, el pasado año la muerte le
tocó la puerta a Fidel y por poquito se lo lleva.
Desde esa fecha, tiene a mundo y medio pendiente de su salud. Por
supuesto, no todos oran por su bien y las velas a los santos
también, piden abrir o cerrar las puertas a la parca.
Hay especialistas que revisan palabra por palabra el estilo de cada
Reflexión firmada por él. Otros analizan con lupa
electrónica la expresión del rostro del Canciller
Felipe cuando afirma que el Comandante se recupera.
¡Hombres de poca fe!: les ahorro trabajo a los
periodistas, por simpatía entre colegas.
¿Acaso en la decisión del no envío de
los boxeadores a Estados Unidos, no descubren la pura impronta de la
marca fideliana?
En La Habana que ya no es mi Habana, sino la capital de todos los
cubanos, la vida sigue igual, con ritmo de son sin la
melcocha a lo Julio Iglesias.
Las lecturas de Verano, excelente idea, ofrecieron otra
opción culta a los vacacionistas que
paseaban por la calle 23 o por el Paseo del Prado. Se
unían al séptimo año del
proyecto Rutas y Andares que volvía a reunir a miles y miles
de cubanos de a pie de cualquier edad y en recorrido en familia,
asesorados por ilustres conocedores que les
mostraban las maravillas arquitectónicas
recuperadas en el Centro Histórico. A pesar de estar en su
temporada, las amas de casa se quejaban: los aguacates no bajan
de precio. El huracán Dean nos
perdonaba, pero servía para probar que el sistema contra
desastre estaba aceitado. Madres y abuelas en la búsqueda
ansiosa de mochilas baratas para los
estudiantes pues abría el
nuevo curso escolar. El excesivo calor no
detenía la preparación de las
elecciones del Poder Popular. En algunas líneas de
ómnibus se notaba una leve, leve
mejoría. Y los carnavales, intento desabrido de aquellos
carnavales habaneros divididos en castas, pero con su
porción de alegría para todos.
Mañana, dentro de un mes o diez años,
llegará la noticia de la muerte de Fidel. Y la de
Raúl. Y yo moriré y me da pena
recordárselo, lector, usted también,
partirá; aunque hayan descubierto agua en Marte y hasta
encuentren el gen de la calvicie.
Pero a Fidel, su aché le concedía otra
gracia, la de casi resucitar para organizar su
despedida, para atar todos los cabos, para acostumbrar a los
cubanos a su ausencia física, para alertar sobre peligros
heredados, engendrados y futuros.
En La Habana, la ahora llamada capital de todos los cubanos,
todavía, se tejen las esperanzas de una cotidianidad
más placentera. Pero eso sí, a ritmo de conga se
repite: ¡Apuren
el paso, caballero!
|
|
|