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Reconocerse en la multitud |
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Fuente: pagina12.com.ar
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viernes, 05 de octubre de 2007 |
Las Madres y los
30 años de los pañuelos blancos.
La
Asociación de Madres de Plaza de Mayo recordará
en Luján el aniversario de la aparición de los
pañuelos. Ayer, Hebe de Bonafini recordó la
historia y criticó a Bergoglio y a la Iglesia.
Por Alejandra Dandan [Página/12].
“Porque
todos los años se hace para octubre la noche de los
jóvenes, y por eso fuimos, porque a nosotras era como que
había que taparnos.”
Elvira Triana no estaba allí ese día, pero sabe
bien que ese domingo 7 de octubre de 1977, mientras las organizaciones
católicas movilizaban a sus jóvenes hacia
Luján, unas cien mujeres se metieron entre la gente con la
única certeza de que estaban allí para reclamar
por sus hijos, aquellos que empezaban a desaparecer. Aún no
eran las Madres de Plaza de Mayo, como se las conoció
después, ni las Locas de la Plaza. Eran mujeres que ni
siquiera se conocían bien y se ataron los pañales
de sus hijos en las cabezas porque necesitaban “reconocerse
en la multitud”.
Treinta años después de la primera vez que
aquellas madres usaron sus simbólicos pañuelos
blancos, la Asociación de Madres de Plaza de Mayo
volvió a recordarla. Lo hicieron ayer, en una conferencia de
prensa en la que además anunciaron que los
pañuelos volverán el domingo a Luján.
El intendente Miguel Prince, aliado de las Madres para estas cosas, les
prometió embanderar la Basílica con cientos de
pañuelos. La instalación no sólo
será conmemorativa: para las Madres es una
reactualización de un reclamo a la cúpula de la
Iglesia Católica que aún sigue vigente.
“La Iglesia que se calló ante los
crímenes más aberrantes –dijo Hebe de
Bonafini en la conferencia mientras leía un comunicado de la
Asociación–, la que participó
activamente en la tortura de nuestros hijos, no es la iglesia del
pueblo, la de los padres palotinos, de Mugica y Angelelli. La que
colaboró, la que nos mintió, la que nos dio la
espalda es la Iglesia de Bergoglio y la derecha, la que
apaña a los curas violadores, la que se queda muda ante el
juicio a Von Wernich, pero vomita todo su odio cuando habla contra el
aborto.”
En ese texto, Hebe recordó que esa Iglesia las
rechazó luego de la primera entrada a Luján.
Intentaron volver al año siguiente con sus
pañuelos blancos y no las dejaron comulgar. ¿Por
qué usaron los pañuelos?
“No nos conocíamos nosotras
–contó Hebe–. Sólo
sabíamos nuestros sobrenombres, Pachi, Rosa y nos
decíamos cómo nos vamos a encontrar entre un
millón de personas. Entonces, una dijo: ‘Llevemos
un bastón’. Otra, ‘llevemos un
moño’; otra dijo un pañuelo rojo, otra
dijo azul, todos colores que no se ven de noche, y seguíamos
cambiando de color. Hasta que una dijo: ‘¿Por
qué no usamos pañuelos blancos que de noche se
ven?’. Y alguien dijo que podíamos hacerlos con un
poco de tela, porque ya no faltaba nada, todo esto se
discutía un día antes. Al final, alguien se le
ocurrió: ‘¿Y si nos ponemos un
pañal de nuestros hijos?’. En aquella
época todavía había pañales
de telas. Una fue con pañal, otra con batita de
gasa.”
Para entonces, la Iglesia Católica solía
movilizar a su gente para reforzar la idea de la calma. Las Madres no
conseguían aire para denunciar lo que pasaba. Pero aquello
funcionó. “Tiempo después, mi
papá y mi marido, que vendían vino por la zona
–siguió Hebe–, se encontraban con que
todo el mundo hablaba de unas mujeres de pañuelo blanco que
habían ido a pedirles a los santos por los
desaparecidos.”
Luján tuvo para las Madres dos momentos importantes. Una,
esa vez con los primeros pañuelos blancos. La otra se dio
cuando decidieron aparecer de forma sorpresiva en la
Basílica en una misa del arzobispo Antonio Plaza, activo
colaborador de las Fuerzas Armadas. La cúpula de la Iglesia
había hecho una convocatoria a la Basílica para
demostrar que el país estaba igual que siempre, que no
pasaba nada. Las Madres cosieron y cortaron pañuelos y se
los guardaron de a cientos en las carteras mientras se preparaban para
llegar. Cuando los veinticinco obispos católicos que
acompañaban en la celebración a Plaza empezaron
con la misa, un grupo de Madres empezó a golpear con
martillos las paredes de la catedral.
“Yo me subí al altar y le entregué a
cada obispo un documento y se armó un lío
espantoso, teníamos que dar cuenta y tuvimos la suerte de
que el diario El Civismo de Luján lo
sacó”, recordó Hebe. Cuando los
sacerdotes se opusieron, las Madres les dijeron por qué iban
a sacar los pañuelos si en la Iglesia había
espadas y botas de militares entre las ofrendas.
A partir de Luján el pañuelo empezó a
tener otra connotación para las Madres. “No lo
usábamos todavía en la Plaza de Mayo, pero lo
empezamos a usar para actos, para que se viera que
estábamos, y nos dimos cuenta de que el pañuelo
tenía mucha presencia. Entonces lo empezamos a poner en la
Plaza y nos dimos cuenta de que eso era como si tuviéramos
puestos a nuestros hijos.”
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