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Renuncia de Alberto Gonzáles: Cae otro sicario de Bush |
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Fuente: cubadebate.cu
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jueves, 30 de agosto de 2007 |
Por Lisandro Otero.
El gobierno de Bush está entrando en una etapa final de
colapso generalizado. Karl Rove, el politiquero ducho en trucos sucios,
en difamación y embustes renunció hace pocos
días, abandonando el barco en naufragio. Rumsfeld tuvo que
dimitir su cartera de Defensa apabullado por unas elecciones
legislativas que fueron un enorme rechazo a su política
belicista. Porter Goss, el jefe de la CIA tuvo que renunciar envuelto
en una especulación de bienes raíces por valor de
16 millones de dólares.
Scooter Libby, jefe de despacho del gángster Dick
Cheney, también tuvo que salir a escape
y evitó el encarcelamiento por el
perdón otorgado por Bush, a los cargos de perjurio y
obstrucción de la justicia. Lobby fue el delator
que reveló a Valerie Plame, ?esposa del embajador Wilson que
desmintió las falsedades de Bush sobre las armas de
destrucción masiva en Irak?, como agente de la
CIA. De igual manera tuvo que renunciar George Tenet, jefe de
la CIA, por los errores cometidos por la agencia en la
valoración de Irak, previa a la guerra.
Puede apreciarse que el gobierno de Bush está compuesto de
funcionarios incompetentes, deshonestos, sin ningún sentido
de la ética, capaces de las peores fechorías, de
mentir al Congreso, de acudir a todo un repertorio de trucos y tretas
con tal de lograr sus propósitos. Ahora, a la tribu de
delincuentes en fuga, hay que añadir el nombre de Alberto
Gonzáles.
El Secretario de Justicia accedió, al renunciar, a
un reclamo de los principales líderes políticos
de los dos partidos que declararon que ya no contaba con la confianza
del establecimiento legislativo. Como es natural en él, Bush
lo defendió como un ser íntegro, decente y
virtuoso lo cual se contradice con el expediente de
Gonzáles.
Durante el período de Bush como gobernador de Texas se
ejecutaron más sentencias de muerte que nunca antes en la
historia del estado. Gonzáles era el asesor legal del
gobernador que rechazaba apelaciones y rehusaba atender razones para la
exoneración. En 1996 logró que eximieran a Bush
de jurado en una causa por conducir vehículos en embriaguez,
temeroso de que apareciera el propio arresto de Bush, por igual causa,
en 1976.
En febrero de 2005, tras el acceso de la pandilla petrolera a la Casa
Blanca, fue nombrado Fiscal General, que equivale al de Secretario de
Justicia. Fue especialmente activo en el cumplimiento de la llamada
Acta Patriótica de Bush que permite violar los
derechos constitucionales y las libertades civiles ampliando las
posibilidades de registros ilegales, supervisión
telefónica, arrestos sin habeas corpus, juicios militares
por delitos civiles, investigaciones de expedientes bancarios,
médicos, siquiátricos y estudiantiles,
grabaciones telefónicas, pesquisas por internet y
encarcelamiento por sospecha. Un verdadero catálogo de
medidas draconianas empleadas por el totalitarismo nazi fascista.
En enero de 2002 Gonzáles defendió la
tesis de que la Convención de Ginebra sobre prisioneros de
guerra no se aplicaba a los talibanes ni a los militantes de Al Quaeda.
Con esto se negaba el respeto a la dignidad humana y el tratamiento
humano a los cautivos. Esto legitimó el camino de las
torturas.
Lo que realmente motivó su salida fue la purga de ocho
fiscales por motivos políticos. Funcionarios con una
impecable hoja de servicios fueron separados de sus cargos por no ser
suficientemente “bushistas” y no cooperar con el
Partido Republicano. Gonzáles mintió en
la encuesta realizada por el Comité Judicial del Senado
sobre esta sucia expulsión politiquera.
Impúdicamente González se
escudó en su mala memoria para no responder las preguntas de
la indagación y en 71 ocasiones
respondió con un “no me acuerdo”, a las
interrogaciones de los senadores.
No hay que desdeñar el inmenso daño que ha hecho
al prestigio de la comunidad latina, porque
Gonzáles era el funcionario de origen hispano que
más alto había llegado en la historia de Estados
Unidos. Si a este desconcierto moral se une la gran crisis
económica que ya se insinúa, el rechazo a la
guerra en Irak y el bajo apoyo de opinión, tenemos el
escenario de la hecatombe final a la que Bush ha llevado a su pueblo,
insistiendo tozudamente en sus errores, entre ellos el de reforzar el
bloqueo a Cuba e insistir en las medidas punitivas contra el pueblo
cubano.
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